"ES UN VERDADERO PLACER TRABAJAR CON LAPORT"
Antes de actuar,
Romina Gaetani era promotora y sabe del esfuerzo “de
salir temprano para los castings y volver con el bolso cargado
de ropa”. A punto de mudarse a un luminoso tres ambientes,
no quiere hablar de su amor en la vida real: Diego. “Ya
aprendí”, asegura. Cuenta que ahorra “porque
la actuación es inestable” y con respecto a las
eróticas escenas de “Soy gitano”, dice:
“Desnudarse en tiras es un trabajo delicado”.
El cabello del color
del vino cayéndole sobre
sus hombros blanquísimos. El, perturbado, le espeta:
“¿Estás segura?”. Entonces, en primeros
planos los torsos desnudos, las miradas intensas se cruzan
y las caricias exploran sus cuerpos. En “Soy gitano”
y en una secuencia de imágenes superpuestas se vio
días pasados el encuentro sexual entre Amador e Isa.
Con sus 25 años, Romina Gaetani, la mala de “Mil
millones” convertida hoy en gitana consecuente y pasional,
habla sobre su nuevo personaje, cómo es trabajar junto
a Osvaldo Laport y revela que, si bien su desnudo“fue
un escaloncito más en mi carrera”, la verdadera
protagonista del culebrón más visto en la tevé
argentina no es otra que su archirrival en la ficción,
Julieta Díaz.
Pero a diferencia
de la temperamental Isa, en la vida real Romina prefiere mantener
su relación con Diego Suárez, director de “Malandras”,
bajo siete llaves. Un conjuro para ahuyentar los rumores de
separación.
–¿Cómo
fue filmar la tórrida escena con Laport?
–¡Uy!
Me hizo transpirar. Desnudarse en tira es un trabajo delicado.
“Soy gitano” es un producto muy cuidado, pero
sus tiempos son tan veloces como la tira. No me interesó
que la escena la hiciera un doble y una vez hablada con los
directores y Osvaldo me quedé más tranquila.
Abajo estaba en ropa interior y en los pechos tenía
una especie de cinta scotch que se usa para cubrir la piel.
Así fue… sacándose la ropita (risas),
como Isabel se entregó incondicionalmente al hombre
que ama.
–¿Sentiste
pudor? ¿Vergüenza?
–Sentí mucha vergüenza. Pero después
me relajé y gocé (risas). Y con Laport nos reíamos
muchísimo al punto que a veces se interrumpían
las escenas.
–¿En
la vida sos tan pasional como en la ficción?
–Soy pasional en todo. En mi laburo y con la pareja
demuestro lo que siento. Siempre se notan mis estados de ánimo.
Soy hipertransparente y muy impulsiva. Ahora intento mandarme
menos y darle espacio a la intuición, que es más
sabia.
–¿Por
qué Isa seduce las 24 horas?
–Isabel
se valora muy poco. Por eso está al lado de un hombre
que la descalifica. En Amador busca un referente masculino,
necesita que la quieran y cuida de una madre que es bastante
infantil. Isa seduce por los cuatro costados: desde la niña-mujer
inocente y a veces muy ciega e inmadura, porque no quiere
aceptar que ese hombre está enamorado de otra persona,
hasta la mujer pasional que sabe con qué armas cuenta
para seducir.
–¿Y
en la pareja tomás la iniciativa o esperás que
el caballero avance?
–Soy medio antigüita y a veces no. Prefiero que
el hombre avance, pero también me gusta compartir los
gastos. Que el caballero pague todo… me pongo en su
lugar, se rompe el alma trabajando y es bueno compartir el
esfuerzo y los gastos. Este es mi costado de mujer moderna.
–¿Te
sentís más atractiva con tu look de gitana?
–Me siento muy bien con el cambio. Parte del enriquecimiento
de Isabel y Romina se lo debo a Alberto Sanders. Al personaje
le aportó un look muy copado. Y en la vida estoy súper
relajada. Las extensiones son fijas e impecables. Te peinás,
te lavás y hacés tu vida.
–¿El
look te lo impusieron o lo elegiste vos?
–Se me ocurrió a mí y lo comenté
con Suar. El me dio libertad para decidir lo que yo quisiera
y a Sanders le encantó la idea.
–Contra
todos los pronósticos la pareja con Laport funciona
bien. ¿Cómo es la química entre ustedes?
–Existe
un libro que marca una relación… mi personaje
y el de Laport están pensados para encajar de esa manera.
Quizá la clave sea divertirse uno, tratar de no aburrirse
y sacar cosas nuevas. Si transito el drama intento sacar también
elementos de comedia. Al ser una tira, las historias se tornan
a veces repetitivas y laburar con Osvaldo me divierte muchísimo.
Sé que el placer es mutuo. Por momentos las escenas
salen improvisadas porque los dos nos sentimos relajados y
dispuestos a jugar. ¡Somos muy mandados!
–¿Cómo
es trabajar con un galán fornido y musculoso como Laport?
¿Cuál es la diferencia con Bermúdez y
Facundo Arana?
–Los tres están muy bien físicamente.
Pero más allá de sus cualidades, todos se encuentran
hipercasados y en esos casos yo bajo automáticamente
la persiana. Hasta ahora lo pude hacer. ¡Mañana
te cuento! (risas).
–Con
tu desnudo ¿creés que ganaste espacio en la
tira?
–A nivel profesional y como ser humano fue un escaloncito
más. Me encuentro más afirmada y la prueba de
ello es la comodidad que siento al trabajar. Además,
el contacto con Osvaldo y Julieta Díaz, a quienes admiro
muchísimo, con Betiana, de la que aprendo todos los
días, o Grimau y todo el elenco me ofrece un crecimiento
diario.
–A
propósito de Julieta Díaz, se habló de
su enojo. Habría amenazado con irse de la tira porque
dice que ella es la protagonista.
–Me
sorprende la noticia. Julieta es la protagonista. Ella fue
llamada para hacer ese papel y de esta camada de jóvenes
actores me parece una de las más talentosas. Lo digo
de corazón. Cuando se cerraba el casting para la novela
y me dijeron que ella era la protagonista me puse muy contenta.
Más de una vez ponía “099 Central”
para ver su laburo, que era de la hostia. Para este año
está ternada como mejor actriz de reparto y ojalá
gane el Martín Fierro.
–¿Y
a vos cuánto te costó llegar a este lugar?
–Costó, más allá del esfuerzo de
salir a la mañana temprano para los castings y volver
a la noche con el bolso cargado de ropa… La mayor demanda
es mantener el estado anímico en alto porque en este
trabajo vivimos muy expuestos. A veces te dicen en la cara
que no servís, que estás gorda o flaca y te
tratan como un número más. Es necesario estar
con los pies en la tierra para que nada te afecte. No faltó
el productor que me dijera: “No me da el personaje porque
no me gusta la nariz”…
–¿En
esas circunstancias en quiénes te apoyaste?
–En mi familia y en la terapia. Mis viejos siempre me
dieron mucho amor y respaldo.
–Hablemos
de las cosas del querer. ¿Diego Suárez se separó
de Romina?
–¿Quién dijo que se separó?
–Ha
salido publicado.
–Prefiero
no hablar de él. Uno va aprendiendo en esta carrera.
Si bien de mi boca ha salido que tengo una relación
con Diego, me hago cargo de eso porque soy la responsable.
Pero hablar de mi vida privada me llevó a encontrar
notas donde han dicho cosas que nunca declaré. Quizás
inocentemente uno dice que está bien, o que ahora estoy
mudándome y quiero comprar mi casa y te hacen agregados
horribles.
–¿Por
ejemplo?
–Hubo un título que decía que lloraba
de emoción cuando hacía el amor. Toda la nota
fue alrededor de eso. Sólo respondí a la pregunta
de qué cosas me emocionan de la vida y yo dije quién
no se emociona cuando hace el amor.
–¿Pero
estás con Diego o no?
–Ya aprendí, de eso no voy a hablar.
–¿Con
quién vivís?
–Mitad en lo de mis viejos y mitad sola. Estoy en medio
de una mudanza y muy contenta.
–¿Cómo
es el departamento donde te estás mudando?
(Risas) –¡Es divino! Es un lindo departamento
luminoso de tres ambientes.
–¿Sos
amiguera?
–No demasiado. De mi entorno artístico, con Patricia
Sosa continuamos una amistad que nació en “Chiquititas”.
Pato tiene un corazón enorme, es un ser humano luminoso
y lleno de amor, una mina de fierro que está en todo
momento. La quiero incondicionalmente.
–¿En
qué invertís el dinero que ganás en Pol-ka?
–Lo ahorro. Mi proyecto es tener mi propio techo, pero
una nunca sabe qué pasará con esta profesión.
Quizás el día de mañana no tenga trabajo
y deba destinar ese dinero para vivir.
–El
tiempo que estás con tus viejos, ¿cómo
lo compartís?
–Mis padres viven en Martínez. El es un fanático
del jazz, productor de seguros y muy protector. Mi vieja es
ama de casa y lo ayuda en su laburo. Los dos me apoyaron en
cada uno de mis cambios. Antes de actuar era promotora y hacía
algunos desfiles. Cuando decidí ser actriz fueron mis
mejores consejeros. Con ellos vive mi hermano arquitecto,
de 34 años. Lamentablemente este país no le
da la oportunidad de vivir de su profesión. Pero por
suerte trabaja en la escenografía de “Zorba,
el griego”, la obra que produce Romay.
–Por último,
¿Romina Gaetani tiene su página en Internet?
–¡Sí! La hizo una fan, Ludmila. Y por
medio de ella me llegan mails de Israel, de Rusia, donde
se ven las novelas. La verdad, estoy muy agradecida con
la buena onda que me tiran.
Revista Ahora (02/06/2003)